—Te cuento que me he tomado un café con la del 5°B esta mañana, la muy cabrona, y me lo ha soltado TODO. ¡Todo, todo! Me ha dejado con la boca abierta.
—¿Con quién?
—Con el señor Alex, el del 8°A. Sí, el morenazo de las canitas sexys y las piernas de futbolista retirado, el esposo de Carla, la que parece salida de revista pero que es más tiesa que un palo de escoba.
—No me jodas…
—Te juro. Me lo ha contado ella misma, con pelos y señales, la tía no se ha guardado ni un detalle. Dice que empezó con el tonteo clásico: hola en el ascensor, sonrisita en el pasillo, “uy qué casualidad”…hasta que un día él la pilla saliendo del gym toda sudada y le suelta: “¿Tú quieres estar todavía más buena?”. Y la muy puta, le contesta: “Cuanto más mejor, ¿no crees?”. El pobre hombre se quedó mudo y se fue con la cara roja. Pero tres días después, ¡pum!, la llama: “¿Qué haces esta tarde?”.Ella: “Nada”. Y él: “Nos vemos en el shopping”. Allí se sientan, birra va, birra viene, y el tío ya no se corta: le coge la mano y se la pone encima de la pija por encima del pantalón. ¡En medio del bar! Ella aprieta un poquito y le dice: “Vamos a un sitio donde pueda tocarla de verdad”.Y directo al motel de la ruta, sin pasar por casa ni a por condones. Entraron a la habitación y fue como si se hubieran estado esperando toda la vida. Él le confesó que llevaba meses soñando con agarrarle el culo. Se desnudaron, ella se tira en la cama como una reina y él se le acerca con la verga tiesa apuntándole a la cara. Ella se hace la tonta, pero le propone un trato: “Si me haces correr con la boca, yo te la chupo”. Y… dice que el Alex come coño como nadie. Con calma, con cariño, explorando cada pliegue, cada rinconcito… la hizo acabar en cero coma. Después él se pone de rodillas encima de su cara, le mete toda la pija en la boca y… ¡zas! Se corre sin avisar. Le llenó la boca de leche y le salpicó hasta el pelo. Ella se enfadó un poquito pero se lo tragó casi todo, la guarra. Se meten a duchar juntos, él ya está duro otra vez, salen, ella se monta encima y dice que la tiene gorda, larga y dura como una barra de hierro. Empezaron en vaquera pero él la pone en cuatro porque quería ver bien ese culo que tanto le obsesiona. Le metía, le daba palmadas, le apretaba las nalgas… y empezó a rozarle el culo con el dedo. La volvió loca. Al final la pone boca arriba, le mete todo el dedo en el ojete mientras la follaba y se corre encima de la barriga. Y al salir, el muy sinvergüenza le dice: “La próxima te lo meto por detrás”. Y ella: “Quién sabe…”.¡Quién sabe una mierda! Me ha confesado que ya está deseando que la llame otra vez.
—¿Y la Carla?
—Pobre, ni se entera. Pero como se entere… se arma la de Dios es Cristo en el edificio.